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jueves, 13 de agosto de 2015

OMAR ALFREDO GALVÁN.Volante argentino que jugó en Junior y Magdalena.





El alma a través de los ojos: tan común como cierto, la imaginación se arrodilla ante la realidad, las manos pincelan el camino que los recuerdos recorren, muchos opacos, pero las sensaciones siguen intactas para un Pato argentino de 63 años, que desde 1977 anidó en las costas caribeñas y en los corazones de los viejos aficionados del Unión Magdalena y, desde 1980, en el Junior de Barranquilla.
No llora, resiste, aprieta, respira profundo, sonríe, sigue raudo, sin titubear, con la cabeza levantada que acompañan sus dedos apuntando al fondo de la pared, los dobla simulando el ‘chanfle’ que con su pierna derecha habilitaba magistralmente a Tutino, a Bonifacio, a Converti o al Maestro Arango. Pero esa fiereza que pocos balones pegados a alguna pierna dejó escapar juntas, es gambeteada por la melancolía, pero sobre todo por el agradecimiento al que insiste reiteradamente Omar Alfredo Galván.

Para muchos, uno de los mejores volantes 8 que pasó por el Tiburón con el que alzó el segundo título en 1980, en una abarrotada cancha y ante un clásico rival como el Deportivo Cali. Fueron cinco años con la rojiblanca, sudando, metiéndose dentro de la memoria de una hinchada que aún lo recuerda, como tampoco la de la otra orilla, la del Ciclón Bananero, equipo que le abrió sus brazos para llegar al país desde el 77 hasta el 79.

P ¿Qué conocía del Junior antes de su llegada?
R 
Junior venía de una etapa que no salía campeón, traían jugadores brasileños que llenaban a la afición pero no salían campeones, y la gente se decepcionaba después de tanto tiempo, salvo la primera estrella en el 77 con Verón, cuando yo estaba en el Unión. Desde 1977 estuve en el Magdalena, pasé en el 79 al Junior por 4 años y regreso al Unión por 2 años más. Un equipo grande, ambos equipos con mucha tradición.
P ¿Cómo llegó al Unión Magdalena?
R 
Vinieron buscando un 8 o un 10, Eduardo Dávila, con el vicepresidente Pacho Solano, veían a un uruguayo, yo en ese entonces jugaba de 5, pero me vieron practicando, se me acercaron para preguntarme si podía jugar de 8, lo venía haciendo desde Boca Juniors, no lo pensé más y me fui.
P ¿Cómo fue ese choque cultural al llegar a Santa Marta?
R
 Me acoplé bien, mi diferencia es que fui muy joven, llegué allá de 22 años, llegué con Gilibeth, que era de treinta y pico, había jugado Libertadores, un paraguayo, Bucha, arquero de Mar del Plata. Con el clima en un principio fue duro, los primeros 4 meses bajaba mucho de peso, me llevaban a correr a Minca, a Pescadero, subir, volver, entrenamientos mañana y tarde. Pero no, tampoco estaba en el infierno, después me relajaba metiéndome al mar (risas).
P ¿Cómo eran esos clásicos costeños que le tocó jugar?
R 
Desde una semana antes la radio le daba todo el día desde la 5 de la mañana hasta la noche: ‘que te vamos a dar’, lo que dijo el otro, ‘que vamos a darte’, de todo decían. En la cancha te decían de todo, te cuidabas más, no como ahora que medio te tocan y se tiran, antes no, antes te cruzaban, te daban duro, te levantabas y para adelante. No podías perder, uno veía gente llorando de bronca, hasta los chicos.
P En esa época se sentía mucha animadversión contra los equipos de la Costa, ¿era peor que ahora?
R 
Creo que igual, o peor porque antes no eran televisados los partidos o ibas a la cancha o la radio o leías la prensa. De visitante los árbitros siempre nos complicaban, uno no podía ni chillar porque nos pitaban lo que fuera, penales y faltas a metros del área, pero en Barranquilla, por ejemplo, sí les decíamos: ‘¿qué vas a hacer? ¡Qué vas a pitar, mirá a la gente, te van a matar!’ (risas).
P Ese partido contra Cali por el título…
R
 Era bravo, se jugaban hasta lo que no tenían, pero nosotros éramos un equipo que infundía miedo a donde fuéramos, Bilardo dirigía al Cali, durante todo el año era una rivalidad mortal, tenían a 2 argentinos, grandes jugadores, y eran partidos donde nos dábamos mal. La celebración fue una locura, recuerdo las calles repletas de gente desde el aeropuerto hasta la cancha, era increíble, fue algo especial, no lo puedo describir.
P ¿Algún jugador que era muy complicado para marcar?
R
 Arango, lo respetaba mucho, cuando volvió de Bucaramanga a Santa Marta lo tuve de compañero un año, pero cuando jugaba allá era un bravo, no solo de temperamento, manejaba las dos piernas, te mareaba, era más que difícil. Después Willington Ortiz, cómo le daba, cuando venía a Barranquilla no le rompí la rodilla de pedo (risas), y lo decía porque él fue compañero de Ischia en el América, que yo conocía de la época en la que estábamos en Chacarita, y le decía Ortiz: ‘tienes a un conocido, El Pato, casi me rompe’ (risas).
P ¿Cómo recuerda a ese Junior?, ¿a qué jugaba?
R
 Gran equipo, pero no quedaba campeón, llega Varacka, que conocía al medio, la idiosincrasia, al periodismo; quería salir campeón, tuvo un equipo sólido, no sé si por visión o suerte, arregló con Berdugo, con Toto Rubio, que estaba grande, pero físicamente era una maquinita. Yo tenía 26 o 27, conocía al medio y me contrataron junto con Converti, Tutino, Molinares y la revelación: Bonifacio, de Soledad. Me acoplé por temperamento, físicamente y técnicamente éramos un Fórmula 1.
P ¿Conoció a Didí Valderrama?
R
 Él estaba más joven, era espectacular, le daba con las dos piernas y te salía con cualquier pierna, gambeteaba, tocaba en pared, un jugador completo, en una baldosa te la hacía, pegaba como un fierro y como persona todavía más.
P Participó en dos Libertadores con Junior, ¿cómo le fue?
R 
Linda experiencia, aunque no pasamos la fase de grupos, era muy complicado, pero no por el fútbol, los viajes nos mataban y teníamos una nómina chica, dimos pelea. Perdimos 1 a 0 en el Maracaná con Flamengo y les ganamos en casa. Jugamos en el 81 con River y Rosario Central, todos peleados creían que iban a pasarnos por encima pero no fue así; luego, en el 84, jugamos con Santos y Flamengo.
P Luego regresó al Unión por un par de años y se retiró del balompié...
R
 A despedirme de quienes me abrieron los brazos por primera vez y lo digo con orgullo: mi carrera la hice en los equipos de la Costa. Después vine a Argentina a hacer cursos con la AFA, no me dieron bola, no me nombraron y eso me molestó, no me valoraron, tenía 400 partidos en 3 años, salí campeón pero no me metieron en la lista. Pasó un tiempo y luego trabajé en las divisiones menores de Argentinos, donde estuve con Pékerman durante dos años, después tuve escuelas de fútbol.
P Un mensaje que le quiera enviar a la gente de Barranquilla y Santa Marta...
R 
Quiero que le transmitas a toda esa gente hermosa de Barranquilla y de Santa Marta, desde los dirigentes de ambos clubes, como al vendedor de raspao, de mamón, de la butifarra, a los aficionados, mi más profundo agradecimiento.



Por Óscar López Lobo 
Especial para EL HERALDO

 
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